domingo, 20 de diciembre de 2009

¿Formar profesionales, investigadores y docentes con retazos de ciencia en fotocopias?

Columnista: María Irma Marabotto
Publicado en: http://www.fundec.org.ar

En el sistema universitario nunca se profundizó el debate en relación con la bibliografía a disposición de estudiantes y profesores. Hoy asistimos a la posibilidad de formar profesionales universitarios en base a un puñado de fotocopias, o con algunos módulos en la mala educación a distancia. O en el otro extremo programas saturados de grandes bibliografías inhallables que nadie consulta, sólo para conformar a los evaluadores institucionales.
¿Existe alguna posibilidad de iniciar a los alumnos universitarios en la investigación por este camino? ¿O el despertar de la actitud investigativa lo vamos a despachar sin más para el posgrado, formando en el grado a profesionales acríticos, consumidores de bibliografía básica e instrumental? ¿De trozos de texto sin contexto?
Históricamente se fueron imponiendo criterios de buena práctica en las universidades consideradas líderes en el sistema, que oficiaban de estándar para las demás. Luego todo se fue corrompiendo junto con el avance de las nuevas formas de gestionar la información que surgieron de la mano de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, y las dificultades económicas recurrentes que afectan tanto a las personas como a las instituciones.
Con la creación de la CONEAU y la implantación de procesos de acreditación de carreras de grado y posgrado, la autorización de nuevos proyectos de universidades y los procesos de Evaluación Externa, fueron incorporándose algunos criterios muy generales a los documentos orientadores elaborados por dicho organismo para cada caso,.
Estos criterios se complementaron con recomendaciones verbales, muchas veces sin unidad de enfoque, expresadas por distintos actores en ocasión de talleres y evaluaciones concretas. En síntesis, existe una cierta casuística, respetada sólo por las instituciones de fuerte tradición académica o que promueven las mejores prácticas, pero no una norma que especifique qué atributos debería contener una "buena" bibliografía.
Hemos intentado relevar cuáles serían las reglas respetadas por la mayoría de los actores representantes de la mejor tradición y la buena práctica docente, para luego aportar algunos aspectos especialmente cualitativos, que consideramos que no son suficientemente claros o tenidos en cuenta a la hora de establecer criterios sobre el tema, de profunda repercusión en la calidad de la formación universitaria.
Los criterios más claros y coincidentes que hemos encontrado con alguna vigencia entre los diversos actores son:
1. La existencia de bibliografía adecuada es considerada un parámetro muy importante ante la aprobación de una nueva carrera o cualquier proceso de evaluación institucional o de acreditación.
2. Una institución podría considerar que tiene una situación adecuada en relación al uso de bibliografía si:
a. Su fondo bibliográfico abarca toda la bibliografía señalada como obligatoria en los Programas de todas las asignaturas de una carrera.
b. Existe suficiente número de ejemplares para satisfacer el funcionamiento razonable de la Biblioteca en relación al número de estudiantes matriculados en la carrera.
c. Posee un conjunto suficiente de obras de consulta que permitan la profundización del estudio.
d. Incluyen tanto libros como revistas científicas fundamentales para el área de la carrera.
e. Posee bibliografía reciente. Este tema está también ligado a la actualización de los Programas, en relación al criterio 1. También varía en relación al campo científico, ya que en Ciencias Exactas y Naturales hay avances y cambios significativos continuamente, pero en Ciencias Sociales y Humanidades muchas veces es necesario también poseer bibliografía considerada "clásica" y de suma importancia.
f. El acceso a bases de datos es importante pero en actuaciones recientes tanto la Secretaría de Políticas Universitarias como la CONEAU han señalado la importancia de disponer de ejemplares de libros para facilitar el estudio a los alumnos en temas básicos de su carrera.
3. Los criterios para satisfacer la bibliografía necesaria para los profesores y la investigación siguen otros parámetros, ya que es difícil que una biblioteca universitaria posea toda la bibliografía que pueda necesitarse en investigación. Para estos casos se considera pertinente facilitar el acceso a bases de datos internacionales, y sobre todo la utilización de los denominados "centros de referencias", que son organismos donde pueden consultarse repertorios bibliográficos y solicitar la obtención del artículo científico de interés del investigador. Estos centros gestionan la adquisición del material. El centro de referencia más importante, perteneciente al CONICET y abierto a cualquier investigador de cualquier institución es el CAICYT, que realiza búsquedas bibliográficas y gestiona la obtención del material mediante el cobro de un moderado arancel.
4. En relación a los tipos de bibliografía, tampoco hay acuerdo unánime en el sistema universitario. En relación a los Programas de asignaturas, hay dos criterios mayoritarios en uso. Uno divide a la bibliografía en básica y complementaria y otro en obligatoria y de consulta. En realidad son diferencias de denominación adoptadas indistintamente por diversas universidades en su normativa interna sobre presentación de programas, pero aluden a lo mismo. La bibliografía básica u obligatoria es la que contiene el conocimiento fundamental para promover la asignatura y la bibliografía complementaria o de consulta es la destinada a la ampliación en relación a temas específicos o a la profundización de los temas fundamentales.
5. Desde una perspectiva cualitativa, y a fin de brindar criterios orientadores para la gestión académica de unidades académicas en educación, tanto universitaria como superior, creemos útil clarificar la existencia de diversos tipos de bibliografía en relación a su carácter más o menos científico. En este caso podemos hablar de:
- Obras de divulgación: destinadas a iniciarse en el conocimiento de la existencia de un campo sobre el que no se tiene ningún conocimiento previo. No son de utilidad en el nivel universitario.
- Obras básicas: generalmente son manuales o compendios destinados a la enseñanza universitaria que resumen el estado del arte en un campo disciplinar. Son las utilizadas mayormente por los estudiantes en carreras de grado y las que las editoriales universitarias publican en mayor cantidad. Generalmente sus autores son titulares de cátedras universitarias nacionales o extranjeras.
- Obras científicas: son las que se dedican en profundidad a un tema específico, dan cuenta de una teoría determinada o discuten críticamente los últimos avances del conocimiento en un campo. Están destinadas a especialistas, se publican generalmente en su idioma de origen o en inglés y circulan en ámbitos restringidos a los expertos de un tema.
- Papers, artículos: son trabajos científicos que se publican en revistas y dan cuenta de los últimos avances de la investigación en un campo y su discusión en la comunidad científica. Estas revistas se denominan científicas cuando cuentan con referato, o sea un Comité Científico integrado por expertos de relevancia en un campo que seleccionan y aprueban los trabajos a publicar.

Para finalizar estas reflexiones creemos necesario realizar algunas consideraciones acerca del uso de fotocopias en la enseñanza universitaria. La utilización de fotocopias es una práctica instalada entre los estudiantes en nuestro país producto de las dificultades económicas de acceso a la bibliografía que algunos sectores del sistema universitario transformaron en un negocio rentable y profundizaron la crisis de la industria editorial nacional en los últimos años.
Es una práctica que deberíamos combatir desde la universidad, ya que la reproducción es un delito cuando se organiza desde la cátedra, y profundiza la escasez de publicaciones destruyendo la viabilidad de las editoriales dedicadas a los libros de uso académico, tanto en la docencia como en la investigación.
Además la utilización de capítulos sueltos, muchas veces sin conocimiento de la estructura de la obra y las intenciones del autor, promueve un aprendizaje descontextualizado y con escasa comprensión del significado del texto.
Deberíamos concientizar a nuestros estudiantes acerca de la necesidad de formar su biblioteca personal como futuros profesionales, despertando vocaciones para la investigación y también para la docencia en el ámbito de la educación superior. Al mismo tiempo sería el único camino posible para prepararlos para el mundo de posgrado, que si no, corre el riesgo de languidecer sin vuelo académico transformándose lentamente en una instancia más de capacitación.

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