martes, 6 de abril de 2010

“Aquel gurí del monte”.

“No podemos tener la esperanza de predecir el futuro,
pero podemos influir en él.
En la medida en que las predicciones
Deterministas no son posibles,
Es probable que las visiones del futuro,
y hasta las utopías, desempeñen un papel
importante en esta construcción.
Hay personas que les temen a las utopías.
Yo le temo más a la falta de utopías”.
IIya Prigogine.
De los relojes a las nubes.

CARTA ABIERTA, RELATANDO EL CAMINO PARA LLEGAR A LA DOCENCIA.-

“Aquel gurí del monte”.


Esta es la historia de un niño que eligió ser docente:

El personaje de la historia nació en una población entrerriana de unos 400 habitantes aproximadamente, pero criado en un ambiente netamente rural, donde el monte tupido, caminos de tierra, ausencia de electrificación y alejado de todo lo que en la posmodernidad se llama confort.

El ámbito de desarrollo de aquella niñez fue “El monte”, donde el único espacio para la socialización se daba en la escuela, con no más de 15 alumnos, en aulas plurigrados.

La inserción en la etapa de la escolarización secundaria, fue totalmente traumática, con indisimulables problemas de adaptación a las costumbres de la ciudad, distancias enormes en códigos y tonos orales, estilo de pronunciación, vestimenta, canales de comunicación tan diferentes que el temor al ridículo fue constante y reiterativo hasta prácticamente el último año de la escuela media.
“Campesino, payuca, paisano, pisabosta, negro bruto, etc”, reemplazaban hirientemente al nombre del “gurí del monte”.

Una vez concluída aquella etapa el interés transformado en deseo por generar algún cambio en los niños y jóvenes para que adviertan la necesidad de incluir “al distinto”, seguramente fue esa pulsión inconsciente que lo llevó al personaje a tomar la decisión de tomar la decisión de cursar el Profesorado de Enseñanza Primaria.

Necesidad de entender el funcionamiento de la parte psicológica de niños y jóvenes para así comprender diferentes procesos de asimilación y acomodación de contenidos escolarizables, más el deseo de conducir grupos orientando básicamente los valores por encima de otros elementos considerados por diferentes profesores.

Luego de obtenido aquel título, habiéndose desempeñado al frente de aulas de distintos puntos de la ciudad por años –familiarizándose con las fortalezas y amenazas de cada ámbito-, lo que buscaba era el retorno al espacio escolar rural. Hasta que se concretó la posibilidad de dirigir una escuela en zona desfavorable. Las vivencias de esta experiencia y “el roce” con otros directivos y supervisores inmediatamente le hicieron notar la necesidad de retomar los estudios, pero en esta oportunidad a nivel universitario.

¿Cuál fue el móvil?
Interpretando, vivenciando las cuestiones problemáticas de los alumnos insertos en diferentes contextos, el “niño salido del monte”, entendió que los docentes en ejercicio debían retomar la función de alumno y volver a estudiar. Incluso aquellos que ocupan cargos de conducción.

Como no podía ser de otra manera una vez detectada la situación, el primero en comenzar a cursar como alumno en una carrera de articulación universitaria fue el mismo, acompañado de varios colegas quedando la mayoría absoluta sin acceder a esa instancia.

El ¿para qué volver a estudiar ?. Tenía distintas respuestas:
• Recordar y profundizar aquellos temas abordados dos décadas atrás.
• Acceder a nuevas perspectivas, posicionamientos y lecturas intelectuales de distintas corrientes.
• Posicionarse en el rol de alumno/docente que es tan distinto según sea la postura momentánea que se tenga.
• Adquirir real dimensión de la necesidad de salir del estancamiento al que conduce la rutina laboral diaria.
• Posibilitarse la opción de proyectar alternativas diferentes para transmitirlas a colegas en actividad y a estudiantes cursantes en institutos de formación docente.
• Son muchos los profesores que lamentan que sus alumnos no puedan o no quieran concluir los estudios de la escuela media, pero . . . acaso ¿no es tan necesario que los propios profesores vuelvan a posicionarse como alumnos ?, o es que . . . ¿no advierten que se formaron en el pasado siglo, con paradigmas del anterior y que sus alumnos son del nuevo milenio ?

Ser profesor, es:
• Todo profesor, ya formado o en formación, debe ser esencialmente, una persona que se anime a pensar y repensar los múltiples vericuetos que tiene la vida, la existencia, los encuentros y los desencuentros..., una persona que sea consciente y demuestre que el conocimiento es una construcción y no un saber acabado..., una persona capaz de tocar teclas permitidas y prohibidas...
No es fácil, pero es necesario reencaminar la docencia por ese lado, ya que el agotamiento de los meta relatos positivistas no solo se está vivenciando en la comunidad científica, sino también en las aulas, convirtiéndose en una de las principales causas de la crisis cultural que estamos viviendo, manifiesta en el aumento del fracaso escolar, el aumento de la violencia, el aumento de personas que no le encuentran sentido a la vida...
• Si quisiera darle otra vuelta al tema diría: ¿Para qué estudiar un profesorado si ya lo obtuve años atrás? ¿Qué es ser un alumno/profesor en un profesorado? Mis compañeros de escuela (algunos) llegaron a decir que no necesitan volver a estudiar, lo que realmente me generó tristeza y preocupación por un discurso tan soberbio como negativo.
A veces creo que –algunos- profesores piensan que por estar trabajando no necesitan rever, actualizar, incorporar estrategias, paradigmas, teorías, etc, que optimicen la prestación de su función.
• ¿Y si realmente estuviesen convencidos que debe ser así? ¿Y si los alumnos "pasan" y “pasan”? ¿Y si todo les da igual?. Sostengo que, afortunadamente, no todos los colegas se ajustan a esta indiferencia, pero sí que son, con frecuencia, a los que más se oye ...

Ser profesor, un anhelo . . .
• Cumplido, en primera instancia para con niños.
• Pendiente, para lograr llegar a una nueva meta personal.
• Buscado para acceder a una inserción laboral activa en otros niveles de escolarización.

Ser profesor, es tener suficiente apertura mental para entender la dinámica de la sociedad con sus vaivenes, que nos lleva a modificar las estructuras personales, un buen profesor deberá ser siempre un alumno con voluntad de superación.

Ser profesor es dedicarse a estudiar, explicar, retroalimentarse, vivir y hacer vivir con pasión la docencia.

Así aquel “gurí del monte” fue vivenciando angustias y placeres de la pedagogía del día a día, que lo orientaron a la formación y estudio permanente, aquel que se dio cuenta que el aprendizaje no tiene lugar ni momento preciso de inicio, por lo tanto tampoco de finalización.

Así siguió “el gurí del monte”, de ninguna manera pretendiendo ser ejemplo, sino que fue demostrándose a sí mismo en primer lugar, a sus hijas por consecuencia y al resto de la sociedad cercana, que la naturaleza te da vida en un lugar con un entorno específico, pero que “otros entornos” pueden modificarse tan solo con una utopía perseguida con la obstinación y decisión de acceder a un profesorado que permita poder transformar positivamente a aquellas personalidades que convivirán con nosotros.

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